J.A. Perea

ACEPTANDO MI REALIDAD: “LO QUE ES, ES”

Antes de empezar la terapia con Fernando estaba en un momento de saturación total que venía arrastrando unos meses, con altibajos según la carga de trabajo, pero sin llegar a resolverlo. Bastante amargado con mi vida, excepto cuando conseguía alejarme unos días de todo. Una evasión temporal de la realidad que, por fuerza, no podía durar mucho.

Las sesiones iniciales de terapia con Fernando conectaron con algunos temas profundos que estaban en la base del problema de saturación que experimentaba. Fundamentalmente las expectativas imposibles que yo tenía para mí mismo y un sistema de gestión del tiempo muy rígido debido a aquellas. En el fondo, todo relacionado con no aceptar la realidad, sobre todo, mis limitaciones humanas.

Después de las sesiones, sobre todo de las primeras, solía quedarme muy removido y los días siguientes salían en tromba muchas de las cosas tratadas. No era nada agradable, pero entiendo que era una parte importante del proceso.

Gradualmente, a lo largo de los aproximadamente 3 meses de terapia con Fernando (8 sesiones en dos bloques de 4 con 4 semanas de pausa en el medio), he ido haciendo pequeños cambios que han supuesto ir aceptando más la realidad, y a mí mismo. A mi parte emocional, de la que renegaba por sabotear los planes en teoría infalibles de mi parte racional. La frase “lo que es, es”, que he leído docenas de veces en cada sesión de terapia con Fernando, ha terminado integrándose.

Compartir con Fernando el proceso me ha ayudado elaborar todo lo que se iba conectando en mi cuerpo y en mi mente. Y sin él, seguramente hubiera ido dejando cosas para mañana, porque siempre hay cosas más “urgentes” y más “apetecibles” que hacer.

Tengo la sensación de que ha cambiado muy poco en lo que hago en estos meses, sin embargo, el impacto en cómo me siento en el día a día ha sido enorme. El tiempo libre es como el aire, si tienes demasiado no lo notas, pero si te falta, es en lo único en lo que puedes pensar. A mí, no aceptar la realidad, me llevaba a sentirme ahogado, incluso estando rodeado de aire.

Sigo teniendo objetivos y trabajando para lograrlos, pero no lograrlos ya no es una tragedia que cuestiona mi valía.

Quedan muchos retos por delante, el primero agradecer más lo que soy y lo que tengo, y siempre los habrá, pero los abordo desde una sensación de tranquilidad que no tenía antes. No hay un punto de llegada, así que lo importante es disfrutar del camino.