Consejos, Crisis de los 40, Reflexiones

¿¡POR QUÉ ME TIENE QUE PASAR ESTO A MÍ!?

Chica y signos de interrogacion que reflejan la trascendental pregunta ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?
¿¡POR QUÉ me tiene que pasar esto a mí!?

Cuando has enfermado ligeramente en el momento menos inoportuno (bueno, posiblemente todos lo sean), o te has puesto muy grave, o le ha ocurrido a alguien de tu entorno, quizás te hayas preguntado ¿y POR QUÉ a mí? ¿y POR QUÉ qué justo ahora?

Decía Einstein que si buscas resultados distintos no puedes hacer lo mismo de siempre (si simplemente te tomas la pastillita, a la vuelta de la esquina te estará esperando la siguiente recaída…). Y también decía este genio que lo importante no es tanto encontrar las respuestas sino plantearse las preguntas adecuadas. La clave está en preguntar. En preguntar bien, claro.

Y ampliando esta perspectiva, viéndola desde una óptica más amplia pero tal vez más cruda, podríamos decir que “si planteas preguntas equivocadas, obtendrás respuestas inútiles”. 

CONTENIDO

“POR QUÉ” ENFERMAMOS. UNA VISIÓN MECANICISTA Y CORTOPLACISTA

Preguntarte sobre el POR QUÉ de una enfermedad habla del Origen, de la Causa, y está muy bien y es importante, porque te ayudará a paliar temporalmente (o con suerte, definitivamente) el síntoma. Es la manera de ver la enfermedad de la medicina más bien mecanicista y en algunos casos deshumanizada que se utiliza oficialmente en el mundo occidental. Como ese caso cercano en el que un reputado cardiólogo le dijo a la madre de un amigo mío “a su marido no le vamos a hacer transplante de corazón, porque total, para lo que va a durar…”Anécdotas a parte, a diario encontramos situaciones como estas:

  • Tengo gripe porque tengo un virus
  • Me duele el estómago porque tengo una úlcera
  • Me muero de dolor porque tengo inflamado el oído medio
  • No puedo respirar bien porque tengo la nariz medio taponada de mocos

Si pregunto POR QUÉ, como vemos, obtengo una respuesta sobre cómo solucionar el asunto lo antes posible, para que deje de molestarme, utilizando para ello antibiótico, antimflamatorio, etc. Sin embargo, pensemos que el hombre, hasta donde yo sé, es el único animal racional (sic) que trata de paliar los síntomas más rápido que lo que tardaría en recuperarse el cuerpo de forma natural y orgánica. Con el objetivo, sobre todo y por encima de todo, de poder seguir produciendo. Para ir a trabajar cuanto antes. Si tengo gripe o dolor de cabeza me meto un chutazo para poder ir a la mina, porque tengo un tema que tengo que sacar hoy mismo. Porque si lo dejo para mañana, lo mismo el mundo deja de girar o cae un meteorito que acaba con todos los dinosaurios (ah, no, que eso ya pasó… o no…).

Sin embargo, pensemos que el hombre, hasta donde yo sé, es el único animal racional (sic) que trata de paliar los síntomas más rápido que lo que tardaría en recuperarse el cuerpo de forma natural y orgánica. Con el objetivo, sobre todo y por encima de todo, de poder seguir produciendo. Para ir a trabajar cuanto antes. 

Estamos metidos en un Sistema mecanicista que trata de que las piezas no paren nunca de funcionar. Sí, eres una pieza del Sistema… visto así tal vez suene mal… pero si te paras 5 minutos a pensar en la Vida que llevas seguramente digas… “jod… otra vez tiene razón Fernando…”. Me levanto pronto para ir a trabajar, malcomo a toda prisa para seguir trabajando cuanto antes y acuesto pronto a mis hijos para poder terminar el informe para enviarlo esta misma noche… O algo similar. No sé si te ves reconocido… 

Tal vez te suene este tipo de situación: personas muy estresadas entre semana, que enferman (gripe, dolor de cabeza o similar, dolencias no graves) un fin de semana sí y otro también. El Cuerpo está en tensión toda la semana, y cuando ya nota que se relaja la tensión y que va a poder descansar, aprovecha y se pone malo, porque sabe que, por fin, tendrá tiempo para recuperarse y se le prestará la atención que merece. No son casualidades. Son causalidades. A mí, por ejemplo, no me pasa nunca. A mi amigo O., le pasa casi la mitad de los fines de semana al año. Yo apenas tengo estrés. Él tiene el mío, el suyo y el de otros 3 más… ¿Sospechoso, no?. Cuando menos, para pararse a reflexionar…

EXPLICACIÓN CIENTÍFICA DE LA INUTILIDAD DE PREGUNTARSE “POR QUÉ” ENFERMAMOS

El Dr. Mario Alonso Puig lo explica en esta entrevista sobre el estrés. Considero que lo que propone, aplica a cualquier caso, y no sólo al estrés. Además de pedir ayuda para no tratar de solucionar el asunto aislado y de hacer ejercicio (ambas medidas para combatir el estrés), el Dr. Puig añade esta tercera estrategia, que nos va al pelo para la reflexión que propongo hoy. Propone cambiar el foco de atención: en lugar de pensar ¿por qué a mí?, ¿acaso yo me merezco esto?, sugiere plantear otras preguntas más interesantes y útiles como ¿qué puedo sacar de aquí que sea valioso para mí?, ¿qué otras opciones hay?, ¿qué hay de valor en mí que todavía no he expresado?, ¿qué nuevas posibilidades podría empezar a buscar?. 

Según el Dr. Puig, no se trata tanto de buscar la respuesta a la pregunta, cuanto de cambiar el riego cerebral. No podemos encontrar respuesta a la pregunta mientras la parte anterior del cerebro (corteza prefrontal) no tenga riego sanguíneo. La pregunta es lo que nos va a llevar a que esa zona se active y se ponga a buscar, saliendo así del secuestro amigdalino. Dicho secuestro, según Daniel Goleman, quien lo acuñó, se produce cuando damos respuestas emocionales inmediatas y abrumadora ante un estímulo que, objetiva y fríamente, no merece tan desmedida respuesta. Y durante el acontecer de ese biológico secuestro amigdalino, que se activa en caso de huída o lucha, cuando el Sistema Simpático entra en acción, la Corteza Prefrontal, nuestra parte racional, queda anulada. Y esa es precisamente la parte que queremos reactivar llevando el riego sanguíneo hacia ella mediante la formulación de preguntas.

¿PARA QUÉ ENFERMAMOS?

Sin quererlo, de manera natural, no sé si te has dado cuenta, he avanzado el punto al que quería llegar. El PARA QUÉ. Ese cambio de foco que proponía Mario Alonso Puig, si revisas las preguntas, tiene escondido el objetivo de buscar el PARA QUÉ, la finalidad de lo que me está ocurriendo. Aprovechar lo que me pasa para hacer algo nuevo, para revisar mis hábitos, para chequear minuciosamente lo que me ha llevado a este punto. 

Será la decimonovena vez que lo cito… y no será la última, pero sabiamente lo recogía Eric Rolf en su Medicina del Alma:

“La Vida nos habla en susurros. Si no podemos escuchar, nos habla más alto. Si aún no podemos o sabemos entender o no queremos escuchar, nos sigue hablando más y más alto hasta que nos da un grito. Ese grito es el dolor, la enfermedad o el accidente.” 

ERIC ROLF . La Medicina del Alma

En el citado libro de La Medicina del Alma, Eric Rolf recoge un extenso listado de enfermedades que relaciona con los mensajes que nos quieren dar. Según él, cada Enfermedad tiene su PARA QUÉ. Cada Enfermedad nos trae un Mensaje. Pero bueno, esto no es nuevo. Ya lo hicieron en su momento, hace casi 30 años Thorwald Dethlefsen, y Dahlke Rudiger en su libro “La Enfermedad como Camino: un Método para el descubrimiento profundo de las Enfermedades”. También la reconocida autora Louis L. Hay hace su lectura de la relación entre Enfermedad y su origen emocional. Y muchos más autores lo hacen como puedes comprobar si lo buscas en internet. Aunque llegado este punto, no puedo dejar de citar la vilipendiada y perseguida Nueva Medicina Germánica del genial doctor alemán Geerd Hamer, que recoge de manera muy precisa el origen biológico y sensato de las Enfermedades.

Lee y juzga por ti mism@ analizando tu Enfermedad bajo este prisma que te propongo. Y si te apetece, me cuentas.

MÉTODO PARA DESCUBRIR “PARA QUÉ” ENFERMAMOS (LISA BORBEAU)

Para indagar en lo que nos quiere decir un problema físico, dolencia o enfermedad, la próxima vez que te ocurra, plantéate esta reflexión de 4 pasos que plantea Lisa Borbeau:

BLOQUEO FÍSICO:

«¿Qué adjetivos pueden describir mejor lo que siento en mi cuerpo?». Al responder conectarás con lo que sientes ante la persona o situación que ha originado tu situación actual

BLOQUEO EMOCIONAL:

«¿Qué me impide realizar esta enfermedad?». Con las respuestas a esta pregunta conectarás con el deseo o deseos bloqueados.

«¿A qué me obliga esta enfermedad?». Ahora toca hacer un poco de magia… Coge la respuesta (o respuestas) a la pregunta anterior y añade la palabra «no» al comienzo de cada una de ellas. Estas frases hacen referencia a tus deseos bloqueados.

BLOQUEO ESPIRITUAL:

«Si me permitiera estos deseos, ¿qué sería?» (Utiliza los deseos que aparecieron en la pregunta anterior). Las respuestas que aquí surjan hablarán de una necesidad profunda de tu ser, bloqueada por alguna carencia.

BLOQUEO MENTAL:

«Si en mi vida me permitiera ser… (pon aquí la respuesta de la pregunta anterior), ¿qué podría sucederme de desagradable o de no aceptable?». Lo que aquí respondas se corresponde con la creencia no beneficiosa que bloquea tus deseos y te está impidiendo satisfacer tu necesidad, creando así el problema físico.

Como ves, en 4 sencillos pasos hemos llegado, de alguna forma, al PARA QUÉ me ocurriendo esto a mí. Me está ocurriendo PARA QUE me dé cuenta de algo… A partir de ahí es cuestión tuya si haces algo por ir a la raíz o si prefieres seguir tapando síntomas. Sabiendo que como indica Eric Rolf, sino las escuchamos, volverán a aparecer, porque pueden llegar a ser más insistentes que un niño de 6 meses hambriento pidiendo a gritos que le sea calmada su necesidad fisiológica básica…

No obstante, el objetivo original de esas 4 sencillas e inocentes preguntas, tal y como lo plantea Lisa Borbeau, es el de hacer un trabajo sobre nuestras Creencias Limitantes, porque realmente, es posible, que por tu situación personal, aún las sigas necesitando. Pero también es posible que ya no las necesites, y agradezcas que estuvieran ahí cuando las necesitaste. Porque en aquel momento lo hiciste lo mejor que pudiste. Jamás debes reprocharte nada. Siempre tratamos de hacer lo mejor con los medios y conocimientos que tenemos disponibles en cada momento vital. Lo que ocurre es que a toro pasado, cuando ya tenemos más recursos, a veces nos culpamos por no haberlo hecho mejor antes. Pero es que, literalmente, no podíamos. Así que deja de castigarte si es tu caso. Haz las paces contigo mismo y sigue avanzando con los nuevos recursos que ahora tengas. Y, reitero, agradece lo que pasó y cómo lo afrontaste.

Porque en aquel momento lo hiciste lo mejor que pudiste. Jamás debes reprocharte nada. Siempre tratamos de hacer lo mejor con los medios y conocimientos que tenemos disponibles en cada momento vital. 

PUNTO Y SEGUIDO

Por hoy lo dejo aquí, en medio de una pequeña maraña de Creencias Limitantes, Culpabilidad y el objetivo original del artículo, que no era otro que el de haberte dado que pensar sobre la victimista pregunta del POR QUÉ a mí para alentarte a que te plantees la empoderadora PARA QUÉ a mí. El próximo artículo seguiré incidiendo sobre este tema. Será más técnico, pero a la vez resultará bastante novedoso en su planteamiento. 

Hasta entonces te dejo escuchándote y preguntándote la tal vez molesta pero a la vez poderosa reflexión de ¿PARA QUÉ ME OCURRE A MÍ TODO LO QUE ME OCURRE?.

 

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